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Mar, Giu

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Nos resulta extraño hoy en día hablar de santidad, siendo esta realidad uno de los motivos que en algún momento de nuestra vida vocacional nos impulsó a nuestro primer sí al Señor. Nos resulta también extraño porque las figuras de santidad quedaron envueltas bajo la hagiografía del siglo XIX o inicios del siglo XX, cuyo lenguaje florido e hiperbólico era una fábrica de modelos, que, para el hombre y la mujer de hoy, resultan desfasados, anacrónicos, simpáticas leyendas y cancinas biografías cada vez que hay memorias litúrgicas o conmemoraciones. Incluso, nuestro “martirologio paulino” se ha teñido en gran parte de esta realidad, tal es así que nos resulta difícil presentar a los nuestros, tan osados y realmente admirables, a las nuevas generaciones paulinas, quedándose así relegados y sin poder recibir el honor de los altares.

Sin embargo, el papa Francisco hace unos años, con “Gaudete et exultate” nos lanzó un “salvavidas”, ayudándonos a profundizar la santidad, más allá de los rincones de los santorales y de las magníficas epopeyas de los que nos preceden, con aureola o a la espera de ella, en el caminar cristiano. Francisco hablará de la “santidad de la puerta de al lado”, de la clase media de la santidad, donde entraban también, triunfantes, aquellos que, ofreciendo su vida por el Evangelio, los hermanos y la Iglesia, realizaban así una liturgia cotidiana de la vida. Qué bello es pensar así, por ejemplo, de un hermano nuestro, de Andrés Borello. Sin relegarlo a la estampita o a la biografía de siempre, tenemos con él un acabado ejemplo de santidad de color paulino: de apostolado diario, de estudiosidad, de oración, de oblación, reparación y pacto.

Ahora bien, todo ello aun nos deja pensando en la “santidad de altar”, que es don que proviene de lo alto y, sin embargo, garantía eficaz de que nuestro carisma, vivido en heroísmo y abandono en Dios, es capaz de propiciar el encuentro, la amistad con Dios y los hermanos, la donación total de sí para ser instrumentos de Dios. Bajamos un poco la meta de los altares y aureolas, pero sin perder de vista la realidad última hacia la que hemos de tender: Santos, sí, santos paulinos (o al menos en vías, en proyecto, en construcción).

Habría que imaginar, si tuviéramos la oportunidad de pertenecer a la comisión de Teólogos de las Causas de los Santos, bajo qué parámetros tendríamos que evaluar a un eventual candidato a santo entre nosotros. ¿Qué evaluaríamos? ¿Cuáles serían los puntos de concreción y encarnación de las virtudes teologales o cardinales en un paulino? ¿Qué espiritualidad lo abraza, lo impulsa? ¿Cómo hizo concreta su capacidad donativa?

El II Seminario Internacional de la Formación podría darnos pistas, porque cuando se trata de formación, no se trata de una correcta forma de producir “correligionarios”, sino de introducir en el camino de la santidad consagrada a los miembros de un Instituto. Formación que no es otra cosa que, en el caso nuestro de paulinos, nos hace entrar en la escuela de Jesucristo Maestro. De allí que cada vez que hablemos de formación no nos limitaremos a los estándares bajo los cuales les sean aprobados los informes al noviciado, a la renovación de votos, a los perpetuos, órdenes y otras realidades, sino que, con esperanza y alegría hablaremos realmente de un camino de ser más DE Dios, así en genitivo, y ser PARA los demás, así en dativo.

El modelo de santidad que hemos de inculcar y seguir los miembros de la sociedad de san Pablo ha de estar enclavado en nuestra propia espiritualidad, que a su vez bebe del agua cristalina del Evangelio, de la Palabra de Dios; su vez de estar impregnado del color paulino, de modo de podamos decir “he ahí un santo religioso paulino”. Paulino por su forma de rezar, de realizar el apostolado, de estudiar, de vivir en comunidad, de predicar, de editar, de diseñar, de hacer videos, de crear contenidos virales, en su forma de trabajar en equipo. Alguien capaz de vivir la triada: consagrado-editor-pastor, fundamentado en una humanidad que tiende a la amistad con Dios, esto es, a la santidad. No hemos de buscar otro modelo por más atractivo que se nos manifieste, de allí que no podemos comenzar una vida de santidad en el Instituto si no hemos desarrollado en él el sentido de pertenencia, de identificación, de “coloración” paulina con todos los desafíos que esta vida nos presenta.

¿Podemos hoy en día hablar de santidad paulina para los que nos llamamos apóstoles-editores-comunicadores-pastores? ¿Dejaremos que se normalice el conformismo de quedarnos con lo mismo sin mirar el todavía amplio horizonte que nos presenta el Primer Maestro?

Preguntas que, sin duda, hemos de responder de forma individual y comunitaria.

 

Agenda Paolina

22 Giugno 2021

Feria (v)
S. Paolino di Nola, vescovo
Ss. Giovanni Fisher, vescovo, e Tommaso More, martiri
Gen 13,2.5-18; Sal 14; Mt 7,6.12-14

22 Giugno 2021

* SSP: 2011 Comunità Divina Provvidenza ad Alba (Italia) e Comunità Timoteo Giaccardo a Roma (Italia).

22 Giugno 2021

SSP: Fr. Bernardo Blasi (1968) - D. Anselmo Vico (1983) - D. Danilo Regazzo (2012) - D. Guglielmo Ardizzi (2020) • FSP: Sr. M. Laura Balducci (2012) • IGS: D. Aleandro Orlandi (1988) • ISF: Vincenzo Inbrunnone (2002) - Franco Falappa (2014) - Giuseppina Rosano Pitzus (2016) - Marie Therese Volk (2019).