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Las “Abundantes riquezas” fueron cantadas y vividas el pasado 18 de agosto en la Comunidad de Guadalajara, Provincia México-Cuba, para agradecer al Divino Maestro la vida y vocación del Diác. Antonio Hernández Pimienta, ssp, quien, después de doce años de formación, incluido su año de experiencia apostólica a tiempo completo, recibió el Orden de los Presbíteros durante la celebración Eucarística presidida por Mons. Fr. Juan Manuel Muñoz Curiel, ofm, quien le impuso las manos para otorgarle el Sacramento. Durante la homilía, el Obispo hizo hincapié en el ministerio que el P. Antonio recibió, su función de maestro, sacerdote y pastor, el programa que el beato Alberione, inspirado por el Espíritu Santo, dejó para vivir la espiritualidad Paulina: “Gloria a Dios y paz a los hombres”; así como se les dio a los primeros Paulinos, él está llamado a dar gloria a Dios y llevar la paz que el mundo de hoy necesita. Su vida está llamada a dar fruto, así como lo dio la vida paulina del beato Alberione y según la herencia carismática colocadas en todas las Capillas Paulinas: “No tengan miedo, vivan en continua conversión, tengan dolor de los pecados”, a la luz de estas palabras en su vida paulina está llamado a ser creativo con el ministerio Sagrado.

En la celebración no sólo se recordó el 104 aniversario de fundación de la Sociedad de San Pablo y de la Familia Paulina, en la cual el neo presbítero quiere vivir para difundir el Evangelio, sino también ese mismo día, 18 de agosto, fue el 42º aniversario de matrimonio de sus papás, los señores Rafael y Angelina. Después de la celebración Eucarística los Paulinos, la Familia Hernández Pimienta, familiares, amigos y colaboradores compartieron el pan de la mesa acompañados del mariachi, una exquisita comida y sin faltar el pastel.

Posteriormente, el 20 de agosto, la Familia Paulina, colaboradores y amigos se trasladaron a Tecolotlán Jal., lugar de origen del neo-sacerdote P. Antonio Hernández Pimienta para participar en su Cantamisa. Aquí, la alegría de este día no fue a menos que en la celebración de la ordenación presbiteral. Estos acontecimientos son fuente de renovación del “don recibido” y una ocasión para continuar promoviendo la vocación a ser Apóstoles de la comunicación.