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Lun, Jul

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Terminada la celebración, la urna del Beato, acompañada por multitud de fieles, fue llevada a hombros, al son de la banda musical de Narzole, ante la Casa de reposo donde el alcalde local, Fiorenzo Prever, se hizo portavoz de toda la ciudadanía dando al Señor las gracias, en nombre de todos, por el don de la presencia del beato Giaccardo. "Adiós Pinotu", concluyó emocionado el alcalde. A las 17, tras el viaje entre Cherasco y Roreto, la urna llegó al ingreso del nuevo Santuario de la Virgen de las Flores de Bra. Recibido por el vice alcalde y las autoridades militares locales, el beato Timoteo fue llevado en procesión, a hombros de los alpinos, y colocado ante el altar mayor del Santuario.

La celebración eucarística, presidida por el P. Silvio Sassi, cerró una jornada inolvidable. Fue significativa la presencia de un numeroso grupo de miembros de la Santa Familia, que nunca "dejaron solo" al Beato. A las 20,30 después del rezo del rosario, animado por don Sergio Boarino, rector del Santuario, comenzó una vigilia de oración que se prolongó toda la noche hasta las primeras luces del alba del domingo 4 de mayo, cuando a las 10,30 el P. Guido Colombo presidió la solemne celebración eucarística. Por la tarde, a las 16, el Beato reemprendió su camino por el territorio que tantas veces le vio peregrino, en dirección a Sanfrè, donde la comunidad de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Aquí hicieron los honores de casa la Superiora general Hna. Regina Cesarato, el alcalde local y varias autoridades civiles y militares. Grande fue la alegría de las hermanas ancianas Pías Discípulas, muchas de las cuales no sólo habían conocido al Beato, sino que le habían tenido como maestro de formación. Particularmente emocionadas se mostraron la Hna. Luciana Lazzarini y Madre Pía Chivassa, que se habían dirigido con fe al Beato para obtener por su intercesión el milagro de la curación de la Hna. Luciana. A las 17 monseñor Guido Fiandino, obispo auxiliar de Turín, presidió la solemne celebración eucarística.

El alba del lunes 5 de mayo señaló el día tan esperado: el beato Giaccardo llegó al término de su viaje. Antes de dejar Sanfrè para la ciudad de Alba, a las 10 monseñor Giuseppe Guerrini, obispo de Saluzzo, celebró una misa en la capilla de las Pías Discípulas. Resaltamos una curiosidad seguramente no conocida por muchos: el padre de monseñor Guerrini era uno de los muchachos que fue a Roma con el beato Timoteo Giaccardo. La Familia Paolina albesa, juntamente con numerosos sacerdotes de la diócesis, se encontró reunida en la plaza del Duomo (Catedral), donde a las 16 llegó la urna del Beato. Tras el saludo del alcalde de Alba, Maurizio Marello, y la oración de acogida de monseñor Giácomo Lanzetti, obispo de Alba, comenzó la solemne procesión, acompañada por la banda musical, a lo largo de la vía Maestra hacia el Templo de San Pablo, lugar del "descanso" definitivo.

Recibida por numerosos fieles, la urna entró en el Templo de San Pablo a los acordes del órgano y los cantos de la coral dirigida por el Hno. Mario Moscatello. La celebración eucarística la presidió monseñor Giacomo Lanzetti en concelebración con los PP. Silvio Sassi, Vincenzo Marras y numerosos sacerdotes paulinos y diocesanos. Significativo y emocionante fue el "rito" de la deposición de los restos mortales del Beato en la nueva urna puesta bajo el altar del Sagrado Corazón. Después de que el Superior provincial, P. Vincenzo Marras, leyera el Acta, redactada en triple copia, de las que una quedó dentro de la nueva urna, se quitó tapa de plexiglás utilizada para el traslado de la urna desde Roma a Alba, y luego el cofre con los restos mortales del Beato junto con el simulacro fue colocado en la nueva urna bajo el altar del Sagrado Corazón. El rito concluyó con el cierre del vano en acero infrangible. Al final se inauguró la muestra fotográfica "desde Alba al mundo", realizada en las dependencias del Templo.

Durante todo el recorrido, y en sus varias etapas, las reliquias del Beato Timoteo Giaccardo fueron acompañadas por el Postulador general de la Familia Paulina, P. José Antonio Pérez, quien coordinó todos los trámites requeridos para la traslación, tanto a nivel religioso como civil.